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La Palma, lujo con alma

Entre paisajes volcánicos y granjas familiares, la nueva colección de Mr. Lee-Williams encuentra en la isla de La Palma un escenario perfecto.


Granja Montellano - Capa líneas lentejuela mate
Granja Montellano - Capa líneas lentejuela mate

La Palma es conocida como la isla donde los relojes se detienen. Una forma poética de describir un lugar donde la calma desafía a la prisa: un lujo escaso en estos tiempos. Yo llegué con la libreta en blanco, la maleta ligera y la esperanza de que el wifi fallara lo justo para no tener excusas. Modo avión emocional activado, sin contraseña ni

roaming.

Desde las alturas, la isla aparecía como una joya verde flotando en el azul infinito del Atlántico. Algo en mí se aflojaba… y no solo el cinturón del asiento, que pedía tregua después del desayuno en el aeropuerto.

El cielo palmero es uno de los más limpios del mundo. Por la noche, la luna, la Vía Láctea y un sinfín de estrellas se muestran tal cual, sin filtros. No hace falta telescopio: basta con quedarse en silencio y dejarse asombrar. No es casualidad que aquí esté el Observatorio del Roque de los Muchachos, referencia mundial en astronomía. Después de meses de estrés, sospechaba que la brisa atlántica, los paisajes volcánicos y la hospitalidad isleña serían el bálsamo que necesitaba: el antídoto perfecto contra la multitarea crónica… y contra el caos de tener veinte pestañas abiertas a la vez en la vida y en el navegador.

Antes de aterrizar ya había tenido mi primer encuentro online con Catheryn, mi anfitriona en la isla. Durante dos horas hablamos de nuestro amor por los animales, de nuestra experiencia viviendo en Oriente Medio (ella en el pasado y yo en el presente), de los rincones secretos de su tierra y de la moda hecha con conciencia.

Catheryn, fundadora de Mr. Lee Williams, habla con la misma coherencia con la que diseña: estética refinada unida a una ética sólida basada en el compromiso, la calidad y el buen hacer. Tenía un buen presentimiento, y mi intuición, como buena gallega, rara vez falla.



Naturaleza indómita


En esa calma comenzó el shooting de la firma: dos jornadas de trabajo entre bambalinas. He estado en desfiles y he trabajado como estilista, pero nunca había tenido el lujo de observar en silencio (y eso que lo mío es más bien incontinencia verbal notoria). Esta vez, mi papel consistía en acompañar al equipo mientras fotografiaban la colección y descubrir cómo cada encuadre convertía la isla en el mejor marco posible.

La primera jornada nos llevó a la Playa de Nogales, en Puntallana, al noreste de La Palma: un escenario que parece diseñado para recordarnos lo diminutos que somos frente a la naturaleza. Para llegar hay que descender por un sendero que bordea acantilados con vistas imponentes, hasta alcanzar una lengua de arena negra de casi medio kilómetro, abrazada por paredes de roca y un océano indomable. Yo, que soy torpe de manual, bajé con más respeto que estilo. El Atlántico rugía como el león de la Metro Goldwyn Mayer. Y yo, por dentro, también.

Ese día trabajamos con una sola modelo, figura central frente al muro geológico y la arena volcánica: un escenario de texturas y colores que realzaba la personalidad de las prendas.

La colección se desplegó en varios looks que exploraban la dualidad entre lo masculino y lo femenino, sello de la casa: trajes de chaqueta, camisas y blazers estructuradas con carácter propio. Los tejidos nobles, como la seda, el lino y el algodón orgánico, convivían con propuestas innovadoras como poliéster reciclado vegano y cupro, todos cuidados hasta el detalle. Mangas y puños en mikado de seda y botones joya de aire vintage convertían algunas piezas en auténticas ediciones limitadas. Bajo la dirección de Jorge Pintado, cada encuadre atrapaba no solo la prenda, sino también esa energía salvaje que define a la isla.



Entre granjas y barrancos


El segundo día nos llevó a un paisaje de contrastes: barrancos verdes que se abren paso entre tierras volcánicas, un silencio roto apenas por el viento y el balido lejano de alguna cabra.

Entre corrales y muros de piedra hicimos parada en la Granja Montellano, quesería artesanal y familiar fundada en 1999 y hoy en manos de la segunda generación. Allí, la tradición ligada a la raza caprina palmera late con fuerza. Burros, caballos, una cerda y una pequeña cabra llamada Curry, que se mueve a su aire como si fuera la dueña del lugar, completan la escena. Los animales viven en libertad y con buen cuidado, algo que conecta con la sensibilidad de Catheryn, conocida por rescatar a los más desvalidos e incluso alimentar colonias de gatos con la misma dedicación que pone en sus diseños. Esa coherencia vital se refleja en su moda: piezas pensadas para durar, con tejidos nobles y un estilo que no sigue caprichos, sino convicciones.

El enclave, con su mezcla de autenticidad y arraigo, se convirtió en escenario del segundo encuentro entre las modelos y la cámara. Ese espíritu agrícola encaja de forma natural con la filosofía de Mr. Lee Williams: un hacer lento, consciente y ligado a la tierra. Yo, por mi parte, me declaré rendida a un queso ahumado palmero que seducía con su aroma y, por supuesto, acabó viajando conmigo. Amor a primera vista… y olfato.

Ese día trabajamos con dos modelos, lo que aportó dinamismo y contraste a las imágenes. Llevaban trajes de chaqueta en animal print, muy ad hoc en un entorno donde caballos y cabras parecían haberse autoinvitado a la sesión para reclamar protagonismo. Se sumaron bombers de algodón metalizado, auténtico crush instantáneo, una capa de lentejuelas color café y otras piezas en una paleta de negro y dorado, tonos que parecían fundirse con el paisaje y amplificar su fuerza.



Versatilidad con alma


El recorrido continuó hasta Fuente Benamas, donde una llovizna ligera añadió un aire especial a la sesión. La Palma tiene esa capacidad de sorprender en cada curva: en pocos kilómetros pasas de barrancos verdes a playas volcánicas, de palmeras apinares, siempre con la autenticidad de una isla que no se ha rendido al turismo masivo. Esa mezcla de belleza y honestidad la convierte en un plató natural aún por descubrir.

Entre helechos y riscos, las prendas de la colección invernal parecían cobrar otra vida. El entorno, casi de cuento, daba un aire distinto a la camisa de seda negra con caída líquida, a la bomber con flores en relieve y a la blazer estructurada en negro y dorado. Ahí se reveló la versatilidad de la propuesta: prendas que funcionan en una reunión, en una cena o en esos días en que no sabes qué ponerte. Basta un complemento para cambiar el registro: magia práctica. La bomber con flores, combinada con vaqueros rectos y bailarinas joya, se vuelve una pieza de día a día con carácter. Y la camisa de seda negra, solemne ante la cámara, es en realidad un comodín absoluto: igual de impecable con pantalón sastre que con denim relajado.


Moda que se vive


Fueron dos días intensos, de esos que se estiran como chicle y se te quedan pegados al alma. El equipo se convirtió en una pequeña familia; el entusiasmo por el proyecto mantuvo las sonrisas incluso cuando el cansancio apretaba.

Escribo estas líneas desde el aeropuerto, con la maleta llena de recuerdos, un queso palmero que ya considero patrimonio emocional y la impaciencia por ver el resultado de una experiencia que ya forma parte de mí.

La Palma me enseñó que hay lugares auténticos, sin filtros ni postureo; que la moda bien hecha y con alma no solo se lleva: se vive; y que a veces lo mejor que te puede pasar es que el wifi falle y te obligue a mirar más allá de la pantalla.

Volví con menos ruido, más calma y una certeza: hay colecciones que se fotografían, pero también se sienten. Y esta, como la isla, se me quedó a vivir dentro.


CRÉDITOS:

Escribe: Laura Opazo.

Fotografía: Jorge Pintado.

Light & Digital: Israel Lozano.

MUA: Siria Ahmed.


AGRADECIMIENTOS:

*Esta publicación se ha realizado con la colaboración del Área de Turismo del Cabildo Insular de La Palma. www.visitlapalma.es


 
 
 

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